He visitado hace unos días la catedral de León y he podido contemplar de cerca sus vidrieras.
Esta visita la dejo plasmada en un poema ilustrado que dejo aquí.
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domingo, 25 de noviembre de 2012
domingo, 14 de octubre de 2012
OS DEJO OTRAS DOS DE LAS QUE LLAMO PEQUEÑAS HISTORIAS DE AMOR.
DE NUEVO EL CINE Y TAMBIÉN LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS ESTÁN PRESENTES.
DE NUEVO EL CINE Y TAMBIÉN LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS ESTÁN PRESENTES.
CRIMEN PASIONAL
No pudo más.
Durante mucho tiempo intentó dominar sus
instintos agresivos, que le incitaban a hacer desaparecer de este mundo a aquel
que había sido capaz de enamorar a la mujer de su vida.
Aquel día, sin el menor atisbo de
piedad, partió en dos la fotografía e hizo añicos el rostro de Gregory Peck,
dejando para siempre sola a lomos de la Vespa a su amada.
Ya, durante el resto de su vida, podría
imaginar que era él quien llevaba cogida a su cintura a Audrey Hepburn por las calles de Roma.
Jorge Mato Huelves
Guadalajara 18 de noviembre de 2007
NARCISO.COM
La noche era para él el momento más deseado de la jornada.
Después de un intenso día de trabajo, llegaba la hora en la que,
encendiendo el ordenador, se sentaba a redactar sobre la pantalla en blanco, su
mensaje diario, aquellas líneas que iban surgiendo desde lo más profundo de su
alma:
Amor mío, una vez más estoy aquí contigo en esta mágica hora de la
noche. En este delicioso silencio que me envuelve y que impregna todo mi ser de
esa necesidad ya inevitable de escribirte, noche tras noche, desde lo más hondo
de mí.
No sabes cómo ansío que tu presencia se haga alguna vez realidad.
No puedes imaginar cómo mi cuerpo desea tener ya de una vez y para
siempre, el tuyo.
No puedo soportar un día más sin tenerte entre mis brazos.
No sabría explicarte con palabras lo imprescindible que es para mí que
tu presencia a mi lado sea un hecho.
Ya no me basta esta comunicación por la red.
Te amo y te deseo.
Deslizó el cursor sobre la tecla de enviar y apretó el botón de aceptar
en el ratón.
El mensaje inició su recorrido a través de esos caminos misteriosos de
la red que, cruzando medio mundo, le conducirían a su destino.
Se acostó esperando con impaciencia y con ilusión la llegada del nuevo
día que le traería la respuesta.
Llegó la noche.
La jornada había sido agotadora pero, por fin, pudo sentarse, envuelto
en el silencio de la casa, ante el ordenador.
Encendió la pantalla, tecleó la clave de su correo electrónico y abrió
la lista de nuevos mensajes recibidos.
Allí estaba, como había deseado, la respuesta.
Abrió el mensaje y leyó, sintiendo cómo su corazón se aceleraba:
Amor mío, una vez más estoy aquí contigo en esta mágica hora de la
noche. En este delicioso silencio que e envuelve y que impregna todo mi ser de
esa necesidad ya inevitable de escribirte, noche tras noche, desde lo más hondo
de mi ser.
No sabes como ansío que tu presencia se haga alguna vez realidad.
No puedes imaginar cómo mi cuerpo desea tener ya de una vez y para
siempre, el tuyo.
No puedo soportar un día más sin tenerte entre mis brazos.
No sabría explicarte con palabras lo imprescindible que es para mí que
tu presencia a mi lado sea un hecho.
Ya no me basta esta comunicación por la red.
Te amo y te deseo.
Aquella noche durmió soñando con este amor que hacía que, en los
últimos tiempos, la vida le pareciera maravillosa.
Jorge Mato Huelves
Guadalajara 21 de noviembre de 2007
domingo, 23 de septiembre de 2012
HACE TIEMPO, BAJO MI VENTANA, HABÍA UNA FUENTE. HOY YA NO ESTÁ. EN EL CENTRO DE LA PLAZA QUE ANTES OCUPABA ELLA, HOY HAN COLOCADO UN PEQUEÑO ÁRBOL SOLITARIO QUE, NO SÉ POR QUÉ, ME PRODUCE UNA EXTRAÑA SENSACIÓN DE TRISTEZA Y SOLEDAD. SI PASÁIS POR LA PLAZA DE LÓPEZ DE HARO EN GUADALAJARA OS LO ENCONTRARÉIS. SI SOBREVIVE.
ESTA ES LA HISTORIA DE LA FUENTE QUE LE PRECEDIÓ.
LA
FUENTE
ESTA ES LA HISTORIA DE LA FUENTE QUE LE PRECEDIÓ.
En la pequeña plaza hay una fuente.
Es una fuente triste. Hoy está seca.
Por sus surtidores ya no mana el agua y su pileta está llena de papeles
y restos de bolsas y envoltorios que las gentes depositan en ella.
Hoy, sus bordes de mármol sólo sirven como asiento a los grupos de
adolescentes vociferantes que los fines de semana acuden a la plaza y utilizan
su entorno como lugar de concentración previa a la entrada a los bares de copas
que hay en las proximidades.
Ya nadie repara en el blanco lechoso de su piedra de mármol.
Lo cierto es que ya no existe ese blanco luminoso que ha quedado
apagado y convertido en un gris sucio a causa de la capa de polvo que se ha
depositado sobre la piedra a lo largo de los días.
Pero no siempre fue así.
Hubo un tiempo, recién construida, en el que su chorro brillante se
elevaba luminoso hacia lo alto derramándose luego sobre la piedra y resbalando
hasta la pileta por los ornamentos labrados a los que sacaba reflejos
fulgurantes a su paso en contacto con la luz transparente de la mañana.
Luego, al golpear sobre la superficie del agua, arrancaba sonidos
armoniosos en un murmullo continuo y burbujeante que convertía el pequeño
espacio de la plaza en una caja de música que embriagaba a cuantos penetraban
en ese pequeño rincón apartado de la ciudad y hacía que, como por instinto,
todos cuantos pasaban por sus proximidades, bajasen el tono de la conversación
por no romper la magia que el sonido del agua producía en el silencio casi
intemporal de la pequeña plaza.
En aquel tiempo, sus aguas limpias y en continuo renacer no solo
servían como elemento lúdico de un rincón de la ciudad, ya fuese por su sonido
o por sus reflejos o por ambas cosas a la vez reunidas en torno a ese blanco
transparente de sus mármoles, sino que también, a lo largo de las horas del
día, era un atractivo lugar donde saciaban su sed las palomas que, posadas en
los aleros de los edificios próximos, descendían de vez en cuando hasta posarse
en sus bordes y, desde allí, picotear el agua de su pequeño estanque en esa
ceremonia extraña que llevan a cabo las aves al beber.
Mientras tanto, el resto de la bandada, como una orla de pinceladas
blancas en el borde de los tejados, emitía ese ronco rumor de sonidos como de
un extraño violoncello que servía de acompañamiento al murmullo del agua y que
en el silencio, podría suponerse el concierto de extraños seres que habitasen
ese rincón perdido de la ciudad cuando las gentes, en la mañana del domingo,
aún permanecían en sus casas abandonadas a un sueño reparador tras una noche de
fiesta quizás más larga de lo habitual.
De vez en cuando, algún perro vagabundo, deteniéndose frente a ella y
tras mirar indiferente a los grupos de palomas que estaban posadas en el borde,
se acercaba al agua y bebía emitiendo un ruido de pequeño chapoteo que hacía
levantar el vuelo a las aves cercanas que, al hacerlo, producían un repentino
revuelo de batir de alas hasta llegar a los tejados próximos, rompiendo con
ello por unos instantes el sagrado silencio.
Luego, indiferente a todo, el perro solitario continuaba su camino
desapareciendo por alguno de los callejones que desembocaban en la plaza.
De vez en cuando aparecían los niños.
Para ellos nada importaba. Ni el silencio de la plaza, ni el murmullo
del agua, ni los reflejos dorados del sol sobre los mármoles.
Pero cuando ellos estaban, todo lo demás pasaba a un segundo plano.
Sus risas y sus gritos eran mucho más importantes.
Para ellos, el agua, las palomas, la misma fuente, se convertían en
elementos de diversión.
Las palomas eran perseguidas
incansablemente por los pequeños y cambiaban de lugar para no ser atrapadas.
Y el agua…El agua era el
elemento clave de los juegos. Había que sacudirla, revolverla, utilizarla como
instrumento de un juego en el que se lanzaban unos a otros toda cuanta podían
almacenar en sus pequeñas manos, entre risas y gritos y regañinas de sus padres
que, finalmente enfadados, terminaban por coger de la mano a sus hijos y
alejarse de ese lugar lo antes posible, dejando de nuevo la plaza sumida en un
reino de silencio por algún tiempo.
Pero todo tiempo de felicidad es limitado y para ella no fue distinto.
No sabe muy bien como ni por qué, pero poco a poco fue siendo objeto de
pequeñas agresiones que le fueron produciendo lesiones que nunca eran
reparadas.
Una vez fue golpeada por uno de los vehículos que, como empezó a ser
frecuente, invadían la plaza utilizándola como lugar de aparcamiento a pesar de
la prohibición y que, despreciando de manera arrogante ese no se qué de mágico
que a veces tienen determinados rincones de las ciudades, penetraron en su
espacio rompiendo para siempre el silencio y la paz.
Otra vez fueron los grupos de jóvenes que cada día, haciendo uso de esa
falsa libertad de la que se sienten poseedores, se dedicaron a arrancar alguno
de sus ornamentos con la única finalidad de pasear como extraordinario trofeo
ante sus compañeros de absurdas aventuras los restos arrancados.
Así, poco a poco, tal como sucede con tantos árboles caídos, comenzó a
ser objeto de indiferencia para todos y su aspecto terminó siendo lastimoso y
sucio.
Ante semejantes carencias, alguien responsable del ornato de la ciudad,
decidió clausurar definitivamente su función y suprimió el agua de sus caños.
Desapareció como fuente quedando, como recuerdo lastimoso de una
existencia en otros días feliz, solamente unos pequeños restos semiderruidos
que hoy siguen ocupando el lugar en el que siempre estuvo.
Nadie recuerda ya que un día fue un elemento indispensable y hermoso
para muchos.
Hoy, solamente el agua de lluvia que se almacena de tarde en tarde en
su pileta semidestruida le recuerda que un día toda ella era agua y música y
reflejos.
Dicen que tan solo la luna en esas noches en las que el agua se
almacena en su pequeño recipiente, desciende hasta ella y reflejándose en su
espejo, le cuenta viejas historias que en otros tiempos ambas conocieron y
dicen igualmente que, escuchándola, a la vieja fuente le brotan no se sabe de
donde, lágrimas que escurren por sus rotos mármoles y, por unos instantes,
cayendo sobre las aguas de lluvia, reproducen una vieja música que recuerda los
murmullos de otros tiempos.
Se sabe que la luna sonríe melancólicamente al escucharla.
Jorge Mato Huelves
Guadalajara abril de 2007
sábado, 15 de septiembre de 2012
VUELVO A ESTE RINCÓN DONDE VOY DEJANDO ALGUNOS DE MIS RELATOS Y QUE HE TENIDO UN POCO ABANDONADO ESTOS ÚLTIMOS DÍAS, Y LO HAGO CON OTRAS DOS DE LAS QUE LLAMO " PEQUEÑAS HISTORIAS DE AMOR".
HOY CON DOS PUNTOS DE VISTA OPUESTOS, LA ENSOÑACIÓN Y EL HUMOR, PORQUE AMBOS SON NECESARIOS EN ESTA VIDA.
LA CAUSA
HOY CON DOS PUNTOS DE VISTA OPUESTOS, LA ENSOÑACIÓN Y EL HUMOR, PORQUE AMBOS SON NECESARIOS EN ESTA VIDA.
No
fue la enfermedad.
Tampoco
el tiempo que, derramado sobre su cuerpo como una espesa gelatina, impedía que
sus músculos y articulaciones se movieran con la agilidad con que lo hacían
años atrás.
Nadie
podía imaginar las causas de su tristeza en los años finales de su existencia.
Solamente
él conocía los motivos que le encaminaban lentamente hacia su final.
La
razón estaba en la dificultad infranqueable para recordar aquel poema que
siempre le fascinó y que se había borrado de su memoria.
Ya
no tenía nada, ni el autor, ni el tema que en él se desarrollaba, ni tan
siquiera una palabra que le proporcionara alguna pista.
Pero
él sabía que, un día, quedó fascinado por aquellos versos que leyó y que hoy
ocupaban un vacío denso como la nada en su cabeza.
Guadalajara 26 de noviembre de
2008
UNA HISTORIA DE CINE
Queridos padres:
Al final, me vuelvo con vosotros a New
York.
Siempre ocurre lo mismo, el puñetero e
inevitable triángulo amoroso que pone todo patas arriba.
¡Mira que éramos felices los dos!
Él, guapo y fuerte. Yo, joven y hermosa.
Y, ambos, enamorados en aquel paraíso que habíamos elegido como lugar en el que
podíamos conservar la más pura inocencia como seres humanos, los más nobles
sentimientos para ayudar a los demás cuando fuese necesario.
Y, por añadidura, disponiendo de los sabrosos
y variados manjares que la naturaleza
ponía a nuestro alcance.
Entonces, apareció ella.
Nunca pude sospechar que un día fuese la
causa de que yo me encuentre en estos momentos más sola que la una.
Pero, claro, hay cosas que para mí son
difíciles, a pesar de mi juventud.
En nuestras correrías por aquellos
frondosos bosques, yo siempre me quedaba atrás.
Ella era mucho más rápida y más hábil
para seguirle y, supongo yo, que, en esos retrasos, cuando ellos se me
adelantaban, y en tanto en cuanto yo les diese alcance, iría surgiendo algo que
hizo que el ambiente de camaradería entre ambos me fuese a mí dejando a un
lado.
Y, así estamos.
Hoy yo estoy aquí y ellos dos, viviendo
en aquella hermosa cabaña que juntos construimos y que tanto esfuerzo nos
costó.
¡Maldita mona Chita ¡ En buena hora apareció en nuestras vidas.
Vuestra hija
Jane.
Jorge Mato Huelves
Guadalajara 1 de diciembre de 2007
viernes, 24 de agosto de 2012
AÚN NO SOY ABUELO. SEGÚN ME DICEN, LO VOY A SER PRONTO. LO QUE SI SOY, ES NIETO, COMO TODOS. HOY VUELVO A LA INFANCIA PARA HABLAR A LOS ABUELOS QUE VIENEN INVITADOS A LA FIESTA QUE SE LES DA EN EL COLEGIO DONDE TRABAJO. ESTO YA TIENE TIEMPO, PERO PENSEMOS QUE SUCEDE HOY MISMO.
MIS ABUELOS
Cuando yo era muy joven, tan joven que
todavía no había nacido, mis abuelos ya pensaban en mí.
Yo era, aún sin haber nacido, parte de
sus proyectos, de su futuro, de las cosas que querían tener cuando fuesen más
viejos.
Y en aquellos tiempos tan lejanos para
mí, ellos se amaron. Y de su amor nacieron hijos, y de esos hijos nacieron
otros hijos y uno de esos soy yo.
Ellos vivieron tiempos un poco más
difíciles y complicados que los míos.
Pero a pesar de todo, consiguieron
llegar hasta el momento de conocerme.
Para llegar aquí tuvieron que resolver
muchos problemas. Se vieron obligados a trabajar y trabajar un día y otro día
en un interminable esfuerzo que parecía no tener final. Pasaron noches eternas
en vela cuidando de las anginas y la fiebre de nuestros padres. Tuvieron que
acompañarles, a ellos también, al colegio, y llevarles de vacaciones en verano,
y comprarles ropa y libros y zapatos nuevos cada temporada.
Y explicarles poco a poco lo que es la
vida para que estuvieran preparados y con la formación suficiente para
podérselo explicar también a sus hijos, o sea, a mí.
Y así, poco a poco, fueron envejeciendo
y, casi sin darse cuenta, la vida les fue apartando de todo aquello que
habitualmente hacían sin ningún problema y sin darle importancia.
Y hoy están aquí, frente a mí, y me
miran con una mezcla de nostalgia por lo que ya pasó y de nueva esperanza en el
futuro, la que depositan en mi persona.
Y ellos saben que han cumplido, que han
pasado a ser testigos de unas nuevas
páginas de lo que es la continuación de su propia vida, su nieto, su nieta.
Y son felices viéndome y yo también a
ellos.
CITIUS,
ALTIUS, FORTIUS
CINCO
COLORES
Mis
abuelos
1/AZUL.-
Mi
abuelo es el más fuerte de los hombres, porque es azul y grande como el océano.
Y
sobre sus rodillas yo me siento como si fuese un pájaro posado sobre la rama
más fuerte y más alta del más alto roble.
Mi
abuela es también azul y luminosa como
el cielo.
Y
cuando me acaricia la cabeza ese azul celestial penetra en mí y me envuelve con
el suave manto de la tranquilidad y la dulzura.
Cuando
los tres estamos juntos parece como si flotáramos sobre la inmensidad del
cielo.
Y
esto seguirá siendo siempre así aunque alguna vez no estemos ya los tres porque
los recuerdos son una forma de hacer que las personas seamos eternas.
2/
AMARILLO.-
Los
abuelos son como un gran trigal amarillo y dorado que se mece con el viento
suave de la tarde haciendo que, cuando uno lo mira, pueda sentir la inmensidad
de lo que está más allá de lo conocido.
Cuando
el sol se refleja en los trigos maduros sus reflejos dorados nos hacen sentir
admiración y respeto por lo que es más grande de lo que podemos pensar.
Mis
abuelos tienen ese misterio y esa grandeza de los trigales maduros bajo el sol.
Y
eso me gusta.
3/NEGRO.-
A
veces mis abuelos tienen en sus ojos ya cansados un brillo negro, como de
azabache.
Entonces,
yo veo que sus caras se transforman y siento cómo sus miradas se vuelven más
profundas porque están recordando.
Yo
no sé que será lo que ellos recuerdan pero, en esos momentos siento como si un
velo de tristeza cruzara por sus miradas.
Esto
sucede a veces pero, inmediatamente, ellos me miran y de nuevo sus rostros se
vuelven sonrientes y amables.
¿Qué
ocultarán a veces los negros ojos de mis abuelos?
4/
VERDE.-
¿Habéis
visto alguna vez cómo una vieja rama seca, de pronto florece y salen pequeños
brotes donde parecía que ya no era posible un renacer?
Eso
son mis abuelos, unas viejas ramas que estaban aparentemente apartadas del
camino de la creación de nueva vida.
Pero
hoy, de repente una pequeñas ramitas verdes surgen de la corteza reseca y
olvidada y comienza de nuevo el ciclo de la vida donde ya nadie lo pensaba.
Yo
soy esa pequeña rama que surge con un hermoso y brillante color verde del
tronco casi seco de ese árbol aún vivo: mis abuelos.
5/
ROJO.-
La
sangre de mi abuelo, de mi abuela es hoy mi sangre.
Yo
no sé cómo ha sido pero dentro de mí, corriendo por todos los rincones de mi
cuerpo, están mis cuatro abuelos convertidos en un líquido rojo y hermosísimo
que me hace vivir.
Yo
no sé cómo funciona el misterio sagrado de la vida. Sólo sé que cada latido de
mi corazón inunda todo mi cuerpo del amor de mis abuelos que, yo no sé cómo
funciona el misterio sagrado de la vida, hace que hoy yo sea un poco ellos.
BLANCO
Todos
hemos experimentado la extraña sensación de ser los primeros que pisan la
extensión inmaculada de la nieve recién caída.
También
hemos sido los primeros en lamentar haber profanado la pureza de la lámina
blanca.
Los
niños somos como una gran planicie blanca después de una intensa nevada.
Todo
lo que hagáis con nosotros dejará para siempre una huella en nuestra vida.
Hoy
os pedimos que seáis cuidadosos con la lámina en blanco de nuestras almas sobre
la que vais a escribir.
También
nos gustaría que quedasen para siempre marcados sobre nuestra superficie los
colores que aporten unas pinceladas de vida y de optimismo en nuestro futuro:
El
AZUL de lo inmenso.
El
VERDE del renacer cada día.
El
ROJO de la vida.
El
AMARILLO de un sol primaveral.
Y
¿por qué no?, un pequeño tinte NEGRO de melancolía cuando sea necesario ya que
la vida, vosotros lo sabéis, es una mezcla agridulce de sensaciones que nos
tocará vivir como os tocó a vosotros.
Guadalajara
mayo de 2008
Jorge
Mato Huelves.
Con
cariño para todos los que un día fueron los culpables de que nuestro colegio
hoy esté lleno de niños.
lunes, 13 de agosto de 2012
DE NUEVO EL AMOR, ESE SINVIVIR EN QUE TODOS VIVIMOS
AZNAVOUR
¿Morir de amor?
¿Cómo puede alguien pensar que el amor mata?
Eso sólo se dice en las viejas canciones porque es una
frase que encaja perfectamente con la
música.
Es la ausencia de amor lo que nos mata.
Él, en realidad, murió de desamor.
Jorge Mato Huelves
Guadalajara 1 de
diciembre de 2007
martes, 7 de agosto de 2012
UNA PEQUEÑA HISTORIA DE AMOR COMO HAY MUCHAS
PURA MECÁNICA
Todos los lunes esperaba con ansiedad el
momento del encuentro.
Se le hacía eterno el tiempo que
transcurría entre la salida de su garaje, en el centro de la ciudad y la
llegada a la pequeña carretera del extrarradio que le conduciría a su
presencia.
Por eso, aún a riesgo de ser sorprendida
por alguna pareja de los motoristas de tráfico, aceleraba hasta alcanzar unos
puntos de velocidad realmente arriesgados.
Pero, una vez juntos, sentía cómo, tras
ser penetrada, se derramaba en su interior aquel licor divino que le devolvía
la vida que, en el entreacto larguísimo de una semana, casi la había
abandonado.
Es cierto que era una relación
únicamente posible previo pago del servicio.
Pero, en el fondo, en cierto modo, se
podría pensar que era casi una forma de amor.
No estaba segura de que los demás
compartiesen esa opinión, pero, después de todo ¿Por qué no pueden amarse una
motocicleta y un surtidor de gasolina?
Jorge Mato Huelves
Guadalajara 19 de noviembre de 2007
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